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Londres 2012: Ellas hacen historia

Londres 2012 será recordado como los Juegos de las mujeres por muchas razones. Antes de empezar la competición ya habían batido varios récords: 44% de mujeres compitiendo; todos los deportes tuvieron por primera vez representación femenina tras incluir tres categorías femeninas de boxeo; todos los países llevaron al menos una representante y un total de 34 delegaciones tenían más mujeres que hombres en sus filas. Y no precisamente países pequeños: en equipos como Estados Unidos, China y Rusia las mujeres eran mayoría.
Para las deportistas españolas estos Juegos tendrán un significado muy especial. Quizás sean los Juegos del antes y el después. El momento de inflexión. Las hemos visto dándolo todo, luchando hasta el final, con una determinación sin límites por alcanzar la gloria olímpica, por mostrar al mundo de qué son capaces, que su  juego es espectacular, vibrante y poderoso. Se han reivindicado por la puerta grande subiendo al podio olímpico en 11 ocasiones. El seleccionador femenino de watepolo, Miki Oca, lo expresaba muy bien en unas declaraciones a El País tras la plata olímpica. “Si le das la importancia que merece, la mujer española demuestra siempre que vale”.
Los éxitos de Londres no son un espejismo, son fruto de mucho años de esfuerzo y dedicación en los que han cosechado grandes triunfos en la sombra. Los Juegos les han permitido hacerse visibles, mostrar sus habilidades, su coraje, su determinación ante millones de personas que han seguido sus hazañas ante la pantalla del televisor, la radio, prensa escrita, Internet y las redes sociales. Ellas han sido las protagonistas de las noticias y han ofrecido un espectáculo deportivo memorable, al que se ha enganchado la población española que respondió con audiencias millonarias y cuotas de pantalla entre el 15 y el 20%.
Curiosamente el agua ha sido el elemento en el que mejor se han movido. El mar nos brindó dos oros y los dos en modalidades que ya no serán olímpicas en Rio 2016. El primero lo conquistaba Marina Alabau  con su tabla de RS:X, tras un campeonato prácticamente perfecto, que lideró desde el primer día. En la Medal Race, le bastaba ser séptima para subir a lo más alto del cajón, pero ella salió a hacer lo que sabía hacer, navegar rápido, y cruzaba por última vez la meta en primera posición. La corona de campeona olímpica de windsurf se añade a un palmarés abultado, en el que figuran cuatro medallas en Mundiales (plata en 2006, bronce en 2008, oro en 2009 en el mismo campo de regatas de Weymouth y bronce en 2011) y cinco títulos europeos (de 2007 a 2012, con la excepción del de 2011), además del diploma de Pekín 2008. La sevillana paseó su oro por la Villa Olímpica y llenó de ilusión al resto de la delegación que se puso como meta emular su hazaña.
Fueron otras regatistas las que lo hicieron. El trío debutante en la clase Elliot 6m  formado por Támara Echegoyen,  Sofía Toro  y  Ángela Pumariega  se erigieron en la gran sorpresa de los Juegos, porque sólo llevaban tres años navegando juntas. A finales de 2008 Echegoyen y Toro empezaron a navegar juntas en Match Race para probar. En marzo de 2009 llamaron a Pumariega para unirse al proyecto de  las que ya se conocen como “Xiquitas Team”. A principios de 2010 se subieron por primera vez al Elliott, el barco elegido para la competición de Match Race en los Juegos Olímpicos. Las primeras unidades llegaron a Santander, a la base del equipo olímpico español de vela en diciembre de 2009, un año después de que la Federación Española los encargara. En toda España sólo hay seis unidades de este monotipo, y unas cuatro o cinco tripulaciones femeninas en activo. Pese a tan escasa flota, las nuestras han sido las mejores en el campo de regatas. En una emocionante carrera final, empatadas a dos victorias con el barco australiano, disputaron el quinto y definitivo cara a cara poniéndose en cabeza en el primer cruce de la regata y entrando en meta con minuto y medio de ventaja. Su sueño era ir a los Juegos, su reto el día a día, su recompensa el oro olímpico. 
Sin salir del agua llegaron otras medallas. Hasta tres de plata y un bronce fueron conquistadas por nuestras nadadoras en el Aquatics Centre. Mireia Belmonte fue la más laureada de la delegación española con las dos platas obtenidas en los 200m mariposa y los 800m libres.  Por méritos propios, con Mireia Belmonte, se dio inicio al relato de las gestas de nuestras deportistas en los Juegos de la trigésima olimpiada. Ella abrió el camino de las medallas en Londres. Ella se erigió en el pilar de la natación española y, por ende, del equipo olímpico español, ganando no una, sino dos medallas de plata en natación, algo que ningún otro nadador o nadadora de este país había hecho. Belmonte se había puesto el listón muy alto participando en seis pruebas. Su apretado calendario le obligaba a competir con cautela hasta que llegó el 1 de agosto y en la final de los 200m mariposa nos dejó sin respiración, porque con una poderosa brazada final se adelantaba a la japonesa Hoshi certificando la primera medalla para España en Londres. Sin apenas descanso, a la mañana siguiente disputaba la serie que le daría un pase a la final de los 800m. Segunda y cuarto mejor tiempo para la final. Poco más de 24 horas la separaban del segundo metal. La final de los 800m sería ya su undécima carrera en la piscina del Aquatics Centre. La carrera fue vertiginosa porque una jovencísima nadadora estadounidense, Ledecky, marcaba un ritmo infernal. Belmonte no cayó en la trampa de intentar seguirla. Favoritas como Adlington y Friis caían como fruta madura en los últimos doscientos metros, mientras que Belmonte comenzaba una colosal remontada de la cuarta a la segunda posición, parando el crono 4 segundos por debajo del récord nacional. En España, más un millón de personas seguían la retransmisión de La 1 (16,5% share) en esa noche de viernes de agosto, dando brazadas con ella y saltando con cada puesto que remontaba. Belmonte había hecho historia. 
Andrea Fuentes  y  Ona Carbonell  deslumbraban a todos con su imposible tango en el agua, desbancando a las chinas y sumando la tercera plata para España. Dos días más tarde obtendrían también un bronce formando parte del equipo de natación sincronizada junto a Paula Klamburg, Alba Cabello, Thais Enriquez, Irene Montrucchio, Margalida Crespi, Laia Pons y Clara Basiana, aunque esta última se quedó en la suplencia. Ese majestuoso pez que formaban las ocho nadadoras se movía con extrema elegancia en el   océano que habían dibujado en el Centro Acuático con sus figuras coronadas por ese famoso gorro de escamas que les hizo pasar por la peluquería. Anna Tarrés, la creadora de este equipo,  sonreía y esperaba impaciente la nota. Quizás recordando aquel debut olímpico de la sincro en Los Angeles 84 que ella misma protagonizó formando duo con Mónica Antich, muy lejos del nivel que ahora tiene España. Ya no son sólo las medallas. La actuación del equipo fue seguida en directo por 3,000.000 millones de personas, con un 25,4% de cuota de pantalla. Un récord histórico para la sincro y para el deporte practicado por las mujeres. Con esta medalla, Andrea Fuentes, pasaba a ser la española más laureada con tres platas y un bronce olímpico, igualando en número a Arantxa Sánchez Vicario (2 platas y 2 bronces) y sólo superada por David Cal con cinco. 
Una plata más se conseguía en otra piscina construida especialmente para este deporte. El Waterpolo Arena vio como unas debutantes se constituían en el equipo a batir de la competición. Nuestro equipo femenino de waterpolo demostró desde el primer día que iban a por todas, porque no tenían nada que perder y mucho que mostrar. No desperdiciaron la oportunidad que se les brindaba con la retransmisión en directo de sus partidos. Engancharon a todos con su ilusión, su lucha y una agresiva defensa que empezaba en la infranquebale portería de Laura Ester. Marta Bach, Roser Tarrago, Matilde Ortiz, Lorena Miranda, Andrea Blas, Ona Meseguer, Maica García, Laura López, Pilar Peña, Ana Copado  (portera suplente),  Anni Espar  y  Jennifer Pareja  hicieron el resto, defender y atacar sin compasión la portería rival a la que dispararon en 177 ocasiones marcando un total de 57 goles. Espar y Pareja fueron nuestras máximas goleadoras con 15 y 12 dianas, respectivamente. Ambas fueron elegidas por la FINA (Federación Internacional de Natación) en el siete ideal del waterpolo olímpico. Sus hazañas las vieron más de dos millones de personas en directo, sólo en la final. La lucha por el oro ante Estados Unidos fue televisada por La 1, a las nueve de la noche, desplazando al Telediario. 
En unas aguas menos tranquilas, las aguas bravas del Lee Valley Water Centre, Maialen Chorraut  se alzaba con el bronce en la final de kayak individual, primera medalla olímpica del piragüismo español.  Salía la penúltima tras haber parado el crono con el segundo mejor tiempo en las semifinales. Delante de ella, una francesa, Emile Fer, había marcado el mejor tiempo. Chorraut sabía lo que tenía que hacer para estar en el podio. Sólo un inicio dubitativo le hizo perder unas centésimas de oro, exactamente 0.97c. El resto del recorrido fue impecable, sin penalizaciones ni fallos, pero al entrar en meta marcaba el tercer mejor tiempo. Era medalla, pero debía esperar a que bajase la última palista, la favorita al oro, la polaca Pacierpnik para que su bronce no se diluyese en el agua. Los nervios atenazaron a la favorita que a mitad de recorrido sufría dos penalizaciones, confirmando el bronce de Maialen Chorraut. 
Otra palista, Teresa Portela, rozaba la medalla, aunque en las aguas tranquilas del canal olímpico de Eton Dorney. Portela ganaba con soltura su ronda de clasificación en el K-1 200m para acceder a las semifinales. Una hora más tarde era la segunda de su semifinal. Billete directo para la lucha por las medallas. Con sólo unas horas de descanso, al día siguiente, disputaría la final. Desde la primera palada, Portela peleó entre las primeras, en puestos siempre de medalla, pero sólo en los últimos metros la hungara Douchev apretaba el ritmo y relegaba a la palista gallega a la cuarta posición. Sólo estuvo a 198 milésimas de la ansiada medalla en su primera final olímpica individual. Tuvo que conformarse con un cuarto puesto, o lo que es lo mismo, su cuarto diploma olímpico tras los dos de Atenas en K-2 500m y K-4 500 m y el obtenido en Beijing con el K-4 500m. 
Si el agua fue fuente casi inagotable de medallas, las distintas salas de competición repartidas en el ExCeL fueron talismán para las nuestras, aunque las judocas no opinen lo mismo. Las tres primeras en competir, Oiana Blanco, Ana Carrascosa y Conchi Bellorín caían en el primer combate y eran eliminadas. Sólo la más veterana, Cecilia Blanco, fue capaz de superar la primera ronda, aunque no pudo ganar su segundo combate. Curiosamente Blanco compitió el 1 de agosto, el mismo día que Belmonte se colgaba la primera medalla de la delegación, ese mes de agosto en el que las medallas empezaron a caer. 
El ExCeL tenía en otra de sus salas la plataforma de 4x4metros, en la que las halteras debían levantar sus pesos.  Lidia Valentín, nuestra única representante femenina en halterofilia realizaba un concurso impecable. Los nervios le hicieron fallar en su primer intento sobre 115kg en arrancada, pero levantaba la marca al segundo intento y cerraba la primera parte de la competición con 120kg y en cuarta posición. Su lucha era con la bielorrusa Kulesha por el bronce, porque la pelea por el oro era de otra galaxia. En los dos tiempos levantó con seguridad los dos primeros pesos, 140 y 145, pero en el último intento no pudo con los 148 kilos, dejando el camino libre a la bielorrusa para alzarse con el bronce. Valentín se fue  de Londres con la sensación de haber rozado la medalla, pero con la satisfacción de haber obtenido un magnífico cuarto puesto, la mejor clasificación para la halterofilia española. 
Cinco días después, las salas del ExCeL retumbaban con los gritos y las patadas de las taekwondistas. Brigitte Yagüe, entraba en competición y lo hacía pisando fuerte. Desde el primer combate enseñó los dientes y a base de patadas ofensivas se abrió paso hasta la final. Todo en una jornada, desde las doce de la mañana hasta casi las doce de la noche. Doce horas para eliminar a cuatro rivales. Los dos primeros enfrentamientos los resolvió con solvencia: 7-2 a la panameña Carstens y un rotundo 8-0 frente a la mexicana Alegría. Sólo la tailandesa Sonkham la puso en aprietos en el combate de semifinales. Los dos primeros asaltos fueron para la tailandesa que obtenía una ventaja de 6-2 para afrontar el último envite. Yagüe salió a por todas, pero nada más empezar el asalto, la tailandesa volvía a marcar colocando un complicadísimo 9-2 en contra de la española. Pero nuestra mejor taekwondista hizo valer sus galones de multicampeona mundial y con un golpe de puño y una patada en la cabeza empataba el combate. La tailandesa se puso a la defensiva y Yagüe se lo jugó todo lanzando la patada definitiva a 10 segundos del final. 10-9, un punto, una patada que valía una plata. Su pase a la final estaba asegurado, pero allí se mediría a la actual número uno del ranking, la china Jingyu Wu que defendía el título olímpico de -49kg y marcó un inapelable 8-1 para retener su corona. Yagüe se ha ganado a pulso esta plata y su medalla sirvió   para colocar a España en lo más alto del medallero en el taekwondo donde se consiguieron tres medallas de las tres posibles. 
Al día siguiente, Maider Unda  pisaba el octógono de la competición de lucha libre e iniciaba otra maratoniana jornada para llegar al combate por las medallas. La vitoriana se deshacía sin problemas de su primera rival, la colombiana Betancur por 3-0. En cuartos de final, volvía a imponerse, esta vez frente a la subcampeona del mundo, la mongola Ochirbat, por 3-1. Pero en media hora tenía el combate de semifinales frente a la bulgara Hristova y, por primera vez, cedió. Perdió por un claro 3-0 y sus opciones pasaban por ganar el combate que le daría el bronce. Apenas cuatro horas para comer algo, descansar y saltar de nuevo al octógono para enfrentarse a la bielorrusa Marzalyuk. Seis minutos para conseguir la   medalla. Unda aprovechó el cansancio de su rival, procedente de la repesca, y no necesitó del tercer periodo. En el primer asalto se impuso por 1-0 y en el segundo sacó del ring a la bielorrusa a falta de cinco segundos para el final. Ya tenía su merecida medalla. Un bronce que es de oro si comparamos el número de licencias que hay en España y las que hay entre sus rivales.Apenas 40 mujeres practican la lucha libre a nivel competitivo en nuestro país y de una cifra tan simbólica ha surgido una medallista olímpica a la que ya conocemos como “Iron Maider”. La única representante que ha tenido nuestro país en este deporte y la primera que, a base de sacrificarse y saber sufrir, ha conseguido la primera medalla de la historia para la lucha libre española. 

Y de una luchadora a quince guerreras, las quince componentes de la selección de balonmano, porque la inoportuna lesión de Carmen Martín (13 goles en 4 partidos),  que se rompía el ligamento lateral interno de su rodilla izquierda en el decisivo choque ante Suecia en el que sellaban su pase a cuartos de final, obligó a una nueva incorporación. Marta López viajó de forma apresurada desde Francia, donde realizaba ya la pretemporada con su nuevo equipo el Fleury Loiret, para cubrir su baja.  Ahora eran quince jugadoras, quince inquebrantables pilares del balonmano español. Las quince afrontaron memorables batallas, épicos encuentros en los que nunca se dieron por vencidas. Cada partido fue un constante cruce de cañonazos lanzados por  Patricia Elorza,  Vanessa Amoros  (1 gol),  Andrea Barno  (5),  Verónica Cuadrado  (13),  Jessica Alonso  (15),  Beatriz Fernández  (19), Macarena Aguilar (22), Begoña Fernández (22), Eli Pinedo (24), Nely Carla Alberto (33), Marta Mangué (34 goles y elegida la mejor central del torneo), y al otro lado, desviados por Silvia Navarro (96 paradas) o Mihaela Ciobanu (17 paradas), las imbatibles porteras, claves en tantas ocasiones. La semifinal les dejó muy mal sabor de boca porque estuvieron muy cerca de doblegar a Montenegro. Se quedaron a un gol y su rabia contenida la sufrieron las coreanas. Ellas serían sus rivales por el bronce en un partido agónico y eterno. Necesitaron dos prórrogas para colgarse la medalla e hicieron vibrar a toda España con su juego y con la frialdad de Ciobanu que paró todos los lanzamientos de 7 metros que le lanzaron en la segunda prórroga. Fueron líderes de audiencia en La 1, en la franja de la tarde, con un 18,8% de cuota de pantalla y 1,680.000 televidentes, porque lo suyo es espectáculo, garra, coraje y lucha hasta el final. Esta generación de jugadoras ha sido capaz de destrozar todos los registros históricos del balonmano femenino español en menos de 4 años: medalla de plata en el Europeo de Macedonia 2008, 4as en el Mundial de China 2009, bronce en el Mundial de Brasil 2011 y un nuevo bronce como broche de oro, el primer metal olímpico para el balonmano femenino español. Lástima que no podamos disfrutar de su juego esta temporada, porque la crisis ha obligado a cerrar equipos y ellas han tenido que emigrar a Europa para poder seguir jugando. El gran problema es la base. ¿De quién van a aprender? ¿Con quién van a jugar? ¿Cómo van a continuar creciendo si las maestras están tan lejos?

Pero este penúltimo día de los Juegos no quería acabar sin un último golpe de efecto de las nuestras. Apenas una hora después de la medalla en balonmano, Ruth Beitia  nos hacía soñar con otro bronce. La actual campeona de Europa de salto de altura luchó hasta el último salto por las medallas. En una emocionante final, la cántabra se metió entre las cuatro primeras con un salto sobre 2 metros en el primer intento. Era bronce en esa altura hasta que la estadounidense Barrett superaba los 2,03, dejándonos con la miel en los labios y un definitivo cuarto puesto para la mejor de las nuestras en las pruebas de atletismo. 

Y el último día, el conjunto de gimnasia rítmica tambiénnos hacía vibrar y sufrir con cada lanzamiento de sus cintas, aros y pelotas. Alejandra Quereda, Lourdes Mohedano, Lidia Redondo, Elena López, Loreto Achaerandio y Sandra Aguilar, se habían clasificado para la final que se disputaba el último día de los Juegos. Su entrenadora, Sara Bayón, ex-gimnasta que había vivido esa situación, no quería mirar las puntuaciones, se escondía en un rincón a llorar de emoción por el buen rendimiento de sus gimnastas. Sólo la seleccionadora, Anna Baranova, aguantaba el tipo esperando la nota.Querían cerrar la competición con una medalla como la que tenían ya tantas compañeras en la Villa Olímpica. Pero no pudo ser. Italia se cruzó en nuestro camino con un excelso ejercicio que nos dejaba con otro cuarto puesto, aunque muy merecido, luchado y satisfactorio porque esta clasificación, era la mejor del  conjunto español desde la añorada medalla de oro de Atlanta. 
Son muchas las que también compitieron con fuerza e ilusión, pero sin llegar a certificar su participación con un diploma olímpico. Sí lo hicieron Fátima Gálvez, quinta en foso olímpico. Ainhoa Murua, séptima en el triatlón, el mismo puesto que obtenía Morgan Barbançon con el equipo de Doma Clásica. Y las tres octavas plazas de Beatriz Pascual (20km Marcha), Erika Villaecija (Maratón Aguas Abiertas) y la doble medallista, Mireia Belmonte en los 400m Estilos. 

Más de la mitad de las mujeres que acudieron a Londres a representar a nuestro país han vuelto con medalla o diploma, 59 de 115 (incluyendo a la balonmanista que se incorporó al equipo). Con un 40% de  representación obtuvieron el 65% de las medallas. Los medios de comunicación supieron reconocer su esfuerzo y su valía. Nos regalaron portadas a página completa, lo que merecía la gesta de cada una de nuestras medallistas. Las calificaron de “Joyas”, “Oro puro”, “Agua Bendita”, “Bravas”, “ G u e r r e r a s ”, “Espartanas”, “Cada Vez Más Fuertes”. No faltaron, los apelativos de “sirenas”, pero y qué si no, fueron nuestras nadadoras de sincronizada en su océano olímpico, perfectamente mimetizadas moviendo sus escamas cual gigantesco pez. El comportamiento de la prensa escrita, las radios, medios digitales y el espectacular despliegue de RTVE, estuvo a la altura de nuestras deportistas. Les dio alas a todas. Sus loas las hicieron fuertes, porque sintieron el aliento de todo un país empujándolas en pos de la medalla.Desde estas páginas queremos darles la enhorabuena, porque sin su trabajo y sin el fiel reflejo de lo que nuestras deportistas hicieron es muy difícil crear afición, crear interés y crear cantera. 
Ojalá que en el 2020,Madrid sea la sede de los JJ.OO. y podamos escuchar decir a olímpicas que se iniciaron en el deporte porque querían ser como Belmonte, Unda, Yagüe, Alabau, las “Xiquitas Team”, nadadoras de sincronizada, jugadoras de balonmano o jugadoras de waterpolo. Animamos a todos los medios de comunicación a seguir en esta línea, porque las audiencias que generaron lo demuestran: el deporte practicado por las mujeres da espectáculo, engancha y hace vibrar. Sólo necesitan que se las vea para seguir haciendo más grande el deporte de este país con sus medallas. 

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